Síntesis 3

 

NAZARETH ELÍAS MÉNDEZ HERNÁNDEZ

El sufrimiento y los valores



El hombre, en su afán por definirse, de saber quién es, necesita dar respuesta a todo lo que su inteligencia reconoce, y así como la felicidad, también existe algo que se contrapone y que representa en primera instancia todo lo contrario a la felicidad, eso al que la inteligencia nombra como dolor o sufrimiento.

El sufrimiento

El sufrimiento es una cuestión que solo ataña al ser humano, pues este no está presente en el resto de criaturas vivientes de la creación, además de ser ineludible solo para el hombre; siendo entonces el sufrimiento una cuestión que encuentra solo en los sentidos superiores, ya que este sentimiento es de carácter psíquico. El resto de vivientes de la creación están exentos de sufrir, debido que, para sufrir hace falta ser conciénciate de ese sentimiento, para luego ser comprendida por la inteligencia.

La relación entre el dolor y el sufrimiento

El dolor, admite identificarlo en dos dimensiones, el material sensitivo y la espiritual; el dolor material es el dolor físico, siendo la sensación de malestar corporal, cuya función es alertar al cerebro de una situación anómala, permite también evitar situación donde su integridad física corra peligro, el dolor físico carece de la complejidad del dolor espiritual. Aunque esta temática signifique algo negativo, para los autores Larios Robles, Vanessa Itzigueri (2011) “La experiencia de un dolor corporal intenso es prueba irrefutable de la inmanencia radical de la conciencia porque, en efecto, no hay nunca un dolor que no duela” (p. 137).

El dolor espiritual es aquello que por medio de los sentidos externos crea en el ser humano una sensación que sobrepasa al dolor físico, el cual no es pasajero, porque este tipo de dolor queda en la memoria, y pasa a ser un tipo de experiencia que al recordarla causara sufrimiento en lo hombre; este tipo de experiencia obliga al hombre a dar una respuesta como llanto o tristeza; ante el sufrimiento el hombre no puede ser indiferente.  

 

El sufrimiento, el dolor y la conciencia humana



El sufrimiento y el dolor generan en el ser humano, duda, incertidumbre, tristeza, miedo, y como acto perfecto el sufrimiento y el dolor generan conciencia de la naturaleza mortal y efímera con respecto al universo que él posee. Es cuando el ser humano sufre, que se da cuenta de sus limitaciones, y el tiempo limitado que este tendrá en la historia del mundo, le enseña a que de alguna u otra manera el ser humano es indefenso, por lo que debe buscar refugio material y espiritual, el cual encuentra en la sociedad (lo material) y en las religiones (lo espiritual). Es aquí donde el hombre sufre en plenitud, ya que no solo siente, sino que comprende y actúa frente a los hechos inevitable que sucederán en el tiempo.

El sufrimiento como agente de crecimiento espiritual

El sufrimiento es una experiencia que, como dice López, J. A. M. (2011). “es una de las realidades más conflictivas de la experiencia humana, ya que desafía nuestro sentido de búsqueda de Paz y Felicidad. Su impacto es tan grande que sólo cobra significado en lo más profundo del ser humano, del espíritu” (p. 4), y aunque es provocado por agentes negativos como la tristeza, el miedo, la depresión, el dolor físico proveniente de los sentidos externos, esta al ser superada por el ser humano le concede un nuevo estado, en el cual su mente y espíritu cobran fuerza y determinación para afrontar nuevas experiencias, las cuales son necesarias mas no placenteras, como el hecho de la muerte de un ser querido, la pérdida de bienes o la nostalgia, a dicho estado, la inteligencia le concede el nombre de madurez espiritual, Rojas Malpica, Carlos, & Esser Díaz, Joyce, & Rojas Esser, Mariana (2004).  “el dolor y el sufrimiento pueden también ser considerados fuentes de maduración, crecimiento y virtudes enaltecedoras, tanto en la vida cotidiana como en situaciones heroicas.” (p. 74)

En la educación, la madurez espiritual es algo que el maestro debe cultivar en sus estudiantes, siendo el sufrimiento la vía para lograrlo, este no debe ser el agente que por medios propios infrinja ese dolor a sus estudiantes, ni tampoco debe evitar sufrimiento alguno al educando, la labor del docente es entonces ayudar al alumno a encontrar la mejor forma de superar dicho dolor, para que cuando el alumno en su vida diaria vuelva a encontrarse con ese dolor, este no sucumba al miedo de enfrentarlo, sino que encuentre la madurez que en su día el maestro inculco en él, y con ella superar dicha experiencia.

Los valores



Cuando los comportamientos que una determinada persona son expuestos al mundo, estos son juzgados por la sociedad donde este vive, estos comportamientos son llamados cualidades, las cuales pueden o no agradar a esa sociedad; para el estudio de estas cualidades hay que recurrir a la axiología la cual les concede a estas el nombre de valores.

La axiología es relativamente nueva, siendo la disciplina encarga de dictaminar y definir que son los valores; esta disciplina no aísla los valores como se hacía anteriormente, como por ejemplo la belleza, el bien, la justicia y otros, sino que plantea estudiar a todas estas cualidades bajo el nombre de valores. Debe contemplarse que según Frondizi, R. (1958).  “los valores no existen por sí mismos, sino que descansan en un depositario o sostén” (p. 2) siendo el hombre ese depositario.

La objetividad y subjetividad de los valores

Los valores son una cuestión que ha adquirido una gran relevancia para el ámbito educativo, pues desde el punto de vista del subjetivismo axiológico en valores estos no deben ser tomados en cuenta para la enseñanza educativa, pues en esta teoría los valores no son uniformes, lo que para alguien es un valor en una determinada regio, es un antivalor para otra; por consiguiente, en la teoría subjetivista los valores dependen del punto de vista de la persona. Pues, autores como Nietzsche mencionan que la verdad no es única, sino que es relativa e individual; mientras que la teoría del objetivismo axiológico nos llama a todo lo contrario, esta teoría nos dice que la realidad es única, no puede existir dos realidades para el mismo hecho, y no depende la inteligencia de la persona, el alma solo debe atender a esa realidad, acertarla y adaptarse a ella, para que puede hacer un juicio ante la evidencia y hacer entonces justicia ante esa realidad, Alexander Hamilton nos decía que tenemos el deber de exponer las cosas como son, y no como deberían ser.

El valor como el poliedro posee múltiples caras y puede contemplarse desde variados ángulos y visiones, desde una posición metafísica, los valores son objetivos: valen por sí mismos; desde una visión psicológica, los valores son subjetivos: valen si el sujeto dice que valen; y desde el aspecto sociológico, los valores son circunstanciales: valen según el momento histórico y la situación física en que surgen (Gervilla, 1994, 32).

Contravalores o valores negativos

Al desarrollar esta temática, los autores se dieron cuenta que, así como la felicidad tiene una contra parte que es el sufrimiento y el dolor, así los valores tienen lo que se denomina contravalores. Y es que el contravalor no corresponde a la ausencia de valores, sino que como dice Frondizi, R. (1958). “el valor negativo existe por sí mismo y no por consecuencia del valor positivo.” (p.4); por lo que podemos afirmar que el valor de la justicia le corresponde el valor negativo de la injusticia, y no es que la injusticia sea un efecto de la usencia de la justicia, sino que la injusticia es la deformación y mal interpretación de lo que es justo.

El bien

Cuando decimos que los valores valen, nos referimos a que estos poseen un valor, a este valor se le denomina bien. Al estudiar el bien, la axiología creó una categoría para entenderlos mejor.

El bien útil, es aquel que sirve como medio para lograr un fin específico, por ejemplo: educar en valores sería el medio para obtener estudiantes integrales.

El bien deleitable, es el que provoca en el hombre placer sensible o espiritual, por ejemplo: orar, reír o divertirse.

El bien moral, es el que permite al hombre perfeccionarse en cuanto a su naturaleza, es por el que el hombre consigue su fin último.

El bien moral, es el que le da la cualidad al hombre de convertirse en alguien bueno, agradable y valioso.

El bien privado, es esa cualidad que permite al hombre lograr ser esa persona modelo, que anhela.

Acto educativo y valores

Según Aristóteles, se estudia para saber y poder llegar a ser bueno, no solo saber para saber como nos dice el Estagirita, por lo que la educación en valores no se queda atrás, para educar en valores no basta con mostrárselos a nuestros alumnos, sino que el maestro debe ser portador activo de valores, para que su trasmisión sea fidedigna y no un acto de compromiso laboral.

Para que la educación en valores se pueda realizar en el sistema educativo, se tienen que tener muy claro que son los valores, tener presente la relación que existe entre los valores y nuestro proyecto educativo, y sobre todo que valor le damos a la formación de personas integrales en nuestras instituciones. Cuando todo esto está comprendido y listo podemos emprender el camino hacia la educación en valores.

Es preferible entonces elegir para el acto educativo la educación en valores, debido a que esta es mucho más amplia, y tiene más objetivos que la educación moral,

Ercilla, M. A., & Tejeda, N. B. (1999)., según estos autores la educación en valores no debe seguir estos pasos:

·         Cuando se piensa que explicando hechos históricos y actuales de la realidad, o incorporando nuevas asignaturas por sí sólo, su conocimiento produce valores o cambios en la conducta y personalidad del sujeto, es decir, que sólo mediante saberes se forman y desarrollan los valores.

·         Cuando se buscan comportamientos en hechos aislados, como participación en

actividades orientadas, sin objetivos bien definidos, ni comprendidos y asumidos por el sujeto tanto en lo racional como en lo emocional.

·         Cuando se piensa que formar y desarrollar valores sigue las mismas reglas del

aprendizaje de conocimientos y habilidades.

·         Cuando se considera que no es necesario incorporarlos como un componente de la labor educativa de manera explícita e intencional en el proceso de formación, pues ellos se forman y desarrollan automáticamente a través de la correcta relación alumno-profesor. (p. 3)




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